jueves, 14 de octubre de 2010

Café

Rita ya se había reunido en las casas de sus compañeros de equipo para hacer el guión teatral que constituía la mitad de su calificación bimestral. Estaba prácticamente terminado pero debían reunirse una vez más. Rita sabía que tenía que ofrecer su casa y tenía que aceptar a los 4 miembros de su equipo, pero no tenía planeado hacerlo.

-¿y qué?, ¿dónde nos vamos a ver al rato?-
-en tu casa, en la mía ya no me dejan-
-¡no manches! en mi casa nos vimos la semana pasada-
-¡ándale Jorge!, ¡en tu casa!-
-mejor en la tuya Laura, queda más cerca-
-¿y eso qué? mejor díganle a Rita, a su casa no hemos ido ni una sola vez-
-si es cierto Rita- dijo Jorge pateando levemente el pie de la inmóvil muchacha que estaba sentada a su lado- ahora toca en tu casa, ¿dónde vives?-

Rita abrió grandes los ojos y miró a Jorge. Le hablaba en serio.

-ándale Rita, no te hagas, solo falta tu casa ¿dónde vives?-
-en la Emiliano Zapata, pasando la secundaria-
-¡ahí está! igual queda cerca, al rato nos vemos, pero donde?-
-en la secundaria si quieren-

Todos acordaron encontrarse con Rita a las 4:30 en la entrada de la secundaria.
Ésta sería la primera vez que alguien la visitaba en casa, ¿Que debía hacer? Recordó que en casa de Julia, la mamá les sirvió sopa y tacos dorados, en casa de Laura les dieron palomitas y refresco, en casa de Jorge no comieron nada pero al terminar fueron al puesto de quesadillas que tiene su mamá en el mercado y todos menos Rita se comieron un pambazo y en casa de Alberto comieron pizza.
Era obvio que tenía que preparar algo pero ya eran las 4 y no tenía nada en casa y tampoco tenía mucho dinero. Perdió tanto tiempo pensando en algo que a las 4:20 ya había perdido cualquier oportunidad para cocinar o comprar algo.

Fue a la cocina y conectó la cafetera, llenó el recipiente de agua, colocó el café en el filtro y salió corriendo rumbo a la secundaria.

Todos estaban esperándola y al llegar, Rita no dijo nada y nadie le dijo nada, se limitaron a seguirla por la calle vacía platicando entre ellos.

-órale Rita, vives bien cerquita de la casa de mi abuelita-
La voz de Jorge se escuchó en toda la calle pero Rita no volteó y tampoco respondió, a Jorge no pareció importarle por que siguió caminando y platicando con el resto del equipo.

Rita se detuvo frente al edificio y dijo mientras abría la puerta "Es aquí". Subieron las escaleras y se metieron en el departamento sin ponerle pausa a sus risas y comentarios un solo minuto.

-¿Gustan café?- dijo Rita dirigiéndose a ellos por primera vez en la tarde.

lunes, 30 de agosto de 2010

Extrañas preguntas

Hace ya más de un mes que Rita abandonó la fonda para no volver nunca más. No pasó mucho tiempo antes de que pudiera encontrar un nuevo trabajo que a diferencia de la fonda, la mantiene ocupada únicamente de Jueves a Domingo durante la tarde-noche. Nuevamente es mesera pero ahora lo es en un pequeño y acogedor café de la Colonia Roma.
Trasladarse era un poco más pesado y más tardado, pero tenía la ventaja -enorme- de que nunca, ningún cliente, la conocía.

A causa del trabajo, Rita llegaba excesivamente cansada al escuela los Viernes y los Lunes. La primera semana de combinar escuela y trabajo no resultó muy bien y Rita se quedó dormida el Lunes. Se despertó y ya pasaban de las 7, decidió no apresurarse innecesariamente y llegar a las 8:40, justo a tiempo para la 2a clase.

Entró en su salón y como de costumbre todos platicaban entre ellos; ella no miró a nadie y nadie la miró a ella. Se sentó y comenzó a copiar del pizarrón lo que suponía, era la tarea de la clase anterior.

-oye Rita-
Rita levantó el rostro lentamente y extrañas preguntas le cruzaron el pensamiento. ¿Quién me llama?, ¿Por qué lo hace?, ¿Necesita algo?
Y parpadeando, únicamente se limitó a girar su atención a la fuente de la voz: un joven delgado, de baja estatura, cabello rizado y muy corto.

-la maestra de Literatura pidió que armáramos equipos y a nosotros nos faltaba un integrante y como tú no estabas, te anotamos con nosotros, tenemos que armar un guión teatral-
-sí está bien- se limitó a decir Rita y volvió la mirada al pizarrón para continuar con su apunte; se le veía tranquila y sin embargo extrañas preguntas seguían dando vueltas en su cabeza: ¿Por qué me consideraron para el equipo?, ¿Debería darles las gracias?, ¿No será una broma?.

Rita no pudo pensar en otra cosa durante todo el día y camino a casa, pateando piedrecitas por las calles no dejaba de hacerse extrañas preguntas: ¿Por qué el talento recayó sobre mí?, ¿Por qué tengo que participar en equipos y trabajar?, ¿Por qué tuve que dejar mi casa y a mi madre?, ¿Por qué tuvo que romperse mi corazón si apenas tengo 17 años?, ¿Por qué no me recobré?...

lunes, 9 de agosto de 2010

El delantal


Mariana, una de las compañeras de trabajo de Rita, era la única que se aventuraba a cruzar palabra con ella. Creía fielmente que algo bueno debía habitar en el interior de Rita, muy a pesar de su renuencia a convivir con las demás meseras.
Todo se había sucedido de manera muy normal: Rita y Mariana limpiaban y dejaban todo en orden los miércoles y los viernes. Mariana hacía algunas preguntas y Rita respondía con monosílabos. No había mayor peligro.
Sin embargo, en las últimas semanas Mariana tenía mucho que decir y muy pocas personas que le escucharan. Rita había podido corroborar que Mariana tenía un "novio" bastante violento, un hermano adolescente con pocas ganas de continuar la escuela, una hermana a punto de terminar la carrera y que más que representar un ejemplo para ella, era el eterno recordatorio de que Mariana había decidido abandonar la escuela sin ningún propósito específico....con el único sueño de aprender algo de cocina...
Rita le escuchaba con atención mientras terminaba los quehaceres que Mariana dejaba a medias entre toda su hablantina. Nunca decía nada, únicamente se limitaba a escuchar.
Rita había aprendido con el tiempo que tarde o temprano Mariana terminaría por hartarse de que no se le dijese nada, terminaría por sentirse ignorada y decidiría no volver a hablar con ella nunca más.

Pero eso no sucedió.
Un viernes tras terminar de platicar todos sus disgustos semanales, Mariana se acercó a Rita y le dio un abrazo espontáneo y sincero, de esos que no esperan la necesaria reciprocidad.

-que buena eres para escuchar Rita, tú siempre tan linda dejas que yo me la pase hable y hable todo el tiempo-

Mariana se dio la vuelta, se quitó el delantal y lo colgó en la puerta de la cocina, salió de la fonda sin decir nada más y desapareció entre las calles.
Rita, con el trapo de la limpieza apretado entre sus agrietadas manos lo comprendió todo: Las cosas habían dejado de ser inofensivas.
Se quitó su delantal sopesando las posibilidades y salió de la fonda para nunca más volver.

miércoles, 28 de julio de 2010

La charla

Ya pasaban de las 6 de la tarde, en menos de media hora Rita podría correr a casa a descansar. Entre las mesas que ella atendía, solo quedaba una joven pareja que parecía estar discutiendo y ante lo cual, Rita prefería guardar la mayor distancia.
Había aprendido con el tiempo, que la gente inmersa en una discusión, raramente distinguía entre los involucrados y los no-involucrados.

-¡¡tú no me escuchas!!, ¡¡sólo me haces daño!!-
Rita limpiaba las mesas contiguas a los embravecidos jóvenes cuando esas palabras resonaron en sus oídos, alzó la mirada casi de forma inconsciente y en su rostro se dibujaba un gesto de excesiva sorpresa.
"¡¡sólo me haces daño!!" volvió a escuchar dentro de su cabeza. La mirada de la sollozante chica sacó a Rita de su ensimismamiento y la devolvió a la tarea de limpiar las mesas.

-la cuenta señorita por favor-

La pareja salió de la fonda enfrascada en su discusión.
Rita no pudo quitarles la vista de encima, no podía comprender como era posible que en el mundo existiera gente con ese grado de irresponsabilidad.
No podía comprender como era posible que ese joven, sabiendo ya que él también tenía el talento, decidiera de cualquier modo comenzar y mantener una relación de pareja...

lunes, 19 de julio de 2010

La presentación

Rita era una mujer que había nacido con el talento para lastimar a la gente. Se dió cuenta de ello en la adolescencia y ésta es la única razón (única, pero lacerante y suficiente) para que ella tomara la determinación de no crear vínculos afectivos de ninguna especie con nadie.

Comenzó a vivir sola desde los 16 años. Y tras su partida, su madre lloró desconsoladamente durante semanas enteras.
Rita se fué dejando la puerta cerrada. Signo inequívoco de que no tenía planeado volver.
"Éste es el último dolor que le causo", fueron las palabras que Rita se bebió a sorbos para tratar de consolarse.

Se instaló en un cuarto falto de toda iluminación y ubicado en un edificio que se caía a pedazos. Rita -mujer extremadamente meticulosa- había seleccionado su lugar de residencia con toda la intención.
Había calculado que viviendo ella en semejante embrolladero, visitarla no sería grato para nadie.

Cursaba el segundo semestre de la Preparatoria a menos de media hora de su nuevo hogar y por las tardes, era mesera en una fonda a menos de cuarenta minutos de su escuela.
Procuraba no hablar y no miraba a los ojos de nadie. Sus expresiones diarias se limitaban a lo estrictamente necesario para tomar y entregar órdenes en la fonda.
Entregaba todas su tareas a tiempo y nunca participaba en clase a menos de que se viera obligada, lo cual, no sucedía con mucha frecuencia.

Rita guardaba en la mirada su enorme secreto: Había nacido con el talento para lastimar a la gente.

lunes, 15 de marzo de 2010

Décimo octava parte

Santiago

Un mes. Malena y yo cumplimos un mes ese día. Hice para ella una tarjeta con el dibujo de una niña en columpio que copié de un separador de mi mamá. Bien por mí que siempre supe dibujar.

Llegué a la escuela y puse la tarjeta en su mesa, salí al patio para esperarla y ella llegó tarde como siempre, tuvimos que correr para que la maestra de Biología no cerrara la puerta.
Vió la tarjeta y con la mejor sonrisa me buscó entre el salón y me dijo sin palabras un "gracias" sin dejar de sonreír.
Yo no sabía cuanto tiempo iba a estar cerca de Malena, la verdad, no me importaba tanto pensar en la cantidad de tiempo, lo que era realmente importante era que hoy ella estaba aquí y yo también y era necesario hacer que supiera cuanto la quería.

Tuvimos hora libre después de Biología y Malena y yo nos tiramos en el pasto.

-gracias por la tarjeta, está muy linda-
-que bueno que te gustó, me costó mucho trabajo el efecto de la sombra en el columpio-
-no creo que te haya costado tanto, tú dibujas bien-

Besé a Malena rápido y con cuidado, aunque hacer las dos cosas al mismo tiempo no resulta tan sencillo. Me volví a tirar en el pasto a ver las nubes y a pensar en nada.

-¿qué piensas?-
-en nada nena, no pienso en nada-
-no te creo, eso no se puede-
-¿qué?-
-pensar en nada, no se puede, yo no puedo-
-jajajajaja que tú no puedas, no significa que nadie pueda-
-eres un grosero, mejor dime que no me quieres decir-

Me senté apenas escuché eso por que Malena ya había vuelto la cara y me daba la espalda.

-no es que no te quiera decir, es que en verdad no estaba pensando en nada, ¿por qué soy grosero?, ándale ya, voltéate que la grosera pareces tú, jajajaja-

Malena si bien se volteó fué como si no lo hubiera hecho, había puesto cara de puchero, misma que le duró todo el día. Era muy rara, yo ya lo sabía pero siempre tenía algo nuevo para sorprender. No la entendía, nunca lo había hecho y en días como hoy, me resignaba a pensar que jamás lo conseguiría.


Magdalena

Llegué corriendo a la escuela antes de que me cerraran la puerta y Santi seguía esperándome fuera del salón. Lo saludé y corrimos por que la maestra de Biología ya había entrado.

Lo primero que ví al llegar a mi silla fué una tarjeta con el dibujo de una niña. Era el dibujo de una niña hecho por Santiago, lo supe apenas lo ví. No necesitaba que nadie me lo dijera. El dibujo lo había hecho él.
Abrí la tarjeta tan sólo para comprobarlo y encontré un mensaje de agradecimiento por nuestro primer mes juntos...¡cumplíamos un mes!
El tiempo se había pasado volando...
Recorrí con la vista todo el salón para encontrarlo a 4 filas de mí y hacerle saber que la tarjeta era hermosa y que lo amaba con todo mi corazón pero solo pude decirle "gracias" y sonreírle. Me apenaba pensar que todos nos estaban mirando.

No llegó el maestro de Química y tuvimos hora libre. Santi y yo nos tiramos en el pasto a platicar, pero él no decía casi nada. A veces me desesperaba tanto silencio y me preguntaba que tanto pensaba cuando callaba. No dijo nada hasta que le agradecí la tarjeta.

-gracias por la tarjeta, está muy linda-
-que bueno que te gustó, me costó mucho trabajo el efecto de la sombra en el columpio-
-no creo que te haya costado tanto, tú dibujas bien-

Me besó y de nuevo volvió a quedarse callado.

-¿qué piensas?-
-en nada nena, no pienso en nada-
-no te creo, eso no se puede-
-¿qué?-
-pensar en nada, no se puede, yo no puedo-
-jajajajaja que tú no puedas, no significa que nadie pueda-

¡¡¿Por qué se reía?!!

-eres un grosero, mejor dime que no me quieres decir-

Me dí la vuelta y me puse a intentar eso de "no pensar en nada" pero cómo ya lo sabía yo desde hace mucho tiempo. Es imposible.

-no es que no te quiera decir, es que en verdad no estaba pensando en nada, ¿por qué soy grosero?, ándale ya, voltéate que la grosera pareces tú, jajajaja-

Me giré hacia él que ya se había sentado a mi costado y me puse a pensar en todo. En que Santiago a veces no me entendía, pero yo tampoco a él. En que éramos muy distintos y sin embargo compartíamos muchas cosas. En que era raro y eso hacía que todo entre nosotros fuera raro.
En que no era posible que pensara "en nada"...

martes, 2 de marzo de 2010

Décimo séptima parte

Santiago

Era lindo ser novio de Malena, ¿qué más puedo decir?, yo llegué a quererla de una forma muy especial.

-¡ándale Malena!, ¡vamos!, aunque sea un ratito y luego hacemos lo qe tu quieras-
-es que yo no tengo ganas de ir-
-pero...¿ni un ratito?-
-es que me aburro mucho, yo ni sé jugar-

Mis amigos querían ir a jugar billar y yo me moría de ganas por acompañarlos...pero Malena no quería ir, y yo prefería estar con ella. En eso me convertí muchas veces...en lo que Malena quería hacer. Pero no me importaba. Yo de verdad disfrutaba mucho el tiempo que pasaba junto a ella.

-bueno pués, ¿y qué quieres hacer?-

Bastaba con que yo dijera algo como eso para que Malena cambiara su semblante y sonriera de una buena vez y para toda la tarde.

-¡vamos por un helado! ¡ándale!-
-sí Malena, vamos...-

Yo siempre accedía con la mejor sonrisa y la tomaba de la mano como si aquello me asegurara que Malenita se quedaría conmigo para siempre.

Magdalena

Santiago era el mejor. Yo ya lo sabía y venía a comprobarlo casi a diario. Cómo todos los Viernes desde que entramos a la prepa, Santiago y sus amigos planeaban ir al billar, y como cada vez desde que él y yo éramos novios, me resistía a ir y Santiago accedía.

-¡ándale Malena!, ¡vamos!, aunque sea un ratito y luego hacemos lo qe tu quieras-
-es que yo no tengo ganas de ir-
-pero...¿ni un ratito?-
-es que me aburro mucho, yo ni sé jugar-
-bueno pués, ¿y qué quieres hacer?-

A veces sentía feo por que sabía bien que él quería pasar un rato con sus amigos y yo me aferraba a estar con él, pero el tiempo juntos era distinto. Lo era todo. Y yo sé que él lo entendía tanto como yo y lo sentía de la misma forma.
Aquél Viernes, fuimos por un helado y la pasamos bien. Siempre la pasábamos bien.

Santiago me quería tanto. Pero en ninguna manera se comparaba con cuánto lo quería yo.

sábado, 30 de enero de 2010

Décimo sexta parte

Santiago


¡¡Vamos Malena!!, ¡¡responde!! ¡¡dí algo!! ¡¡lo que sea!!...bueno, sí vas a decir algo, que de preferencia sea un sí. ¡¡Pero dí algo pronto!!

-oye Santi...-
-¿que pasó?, si no qieres no me digas nada ahorita, pero...-
-no, no es eso, es sólo que estoy...un poco confundida-

No supe que decir durante un buen rato y Malena también permaneció callada. Esos silencios incómodos que tanto dice sufrir la gente, cobraron sentido para mí en ese par de minutos. ¡¡Vamos Malena!!, ¡¡dí algo!!

-yo entiendo sí estás confundida Malena, te quiero mucho y no quiero que sientas que te presiono, pero...-
-¡¡yo también te quiero mucho!!-

Malena me abrazó con una enorme sonrisa en los labios. Yo, la verdad, es que no la entendía...jamás lo había hecho y en éste preciso momento, mucho menos. Pero quería hacerlo, en realidad quería entenderla. Malena era por entero una niña que merecía la pena entender. Aunque me tardara cien años...

-sí quiero...-

No fué necesario que dijera nada más. Le sonreí y le dí el peor beso que pude haber dado en toda mi vida: me temblaban las manos, me sudaba la espalda y tenía miedo de ella y de su sonrisa indeleble.


Magdalena

¡¡¿Qué le digo?!! Jamás había sido tan difícil pensar en algo que decirle a Santiago, pero hoy, justo hoy había decidido decir eso que yo no creí que fuera a decir nunca.
Así que yo también le gusto...¡bueno!, eso ya no importaba tanto, bueno sí, pero no de la misma forma.
Tenía que decirle algo pronto, por que Santiago me miraba como si fuera a desmayarse en cualquier instante.

-oye Santi...-
-¿que pasó?, si no qieres no me digas nada ahorita, pero...-
-no, no es eso, es sólo que estoy...un poco confundida-

¡¡En serio le gustaba!! ¡¡De verdad lo había dicho!!, pero aun así...me daba miedo...él me daba miedo...¿que iba a pasar si yo le decía que sí?

-yo entiendo sí estás confundida Malena, te quiero mucho y no quiero que sientas que te presiono, pero...-

¡¡Santiago en verdad me quería!! Sin duda yo iba a decirle que sí.

-¡¡yo también te quiero mucho!!-

Lo abracé lo más fuerte que pude y quise no soltarlo más. Yo quería ser su novia, y lo más importante era que él también quería ser mi novio.
Aún abrazada a él, le dije que "sí", así de simple, y Santiago me zafó de su abrazo, me sonrió y me dió el beso más tierno que pudo haberme dado nunca.

Éramos novios por fin. Y ya nada iba a ser como antes.

domingo, 17 de enero de 2010

Décimo quinta parte

Santiago

-Oye Malena, vamos al rato a buscar el disco ese que dijiste-
-¿cuál?-
-el de la canción que me pasaste-
-¡ah!, sí, vamos, pero a donde-
-pues no sé, a la Plaza Malinalco ¿no?-
-sí, si quieres, espérame que me habló Luis desde hace rato y no fuí-

Malena se fué corriendo a encontrarse con Luis que estaba sentado en la banca de enfrente junto con Andrea y Fanny.
Ya se le había pasado el enojo de la semana pasada y todo marchaba bien. Como debía de ser.
El día de mi cumpleaños llegó tan tarde que creí que no iría, pero al fin llegó, con una playera de los "Stone Temple Pilots", ¡¡ella ni siquiera los conocía!!, no sé como le hizo para encontrar la playera. Lo cierto era que me había encantado y ella lo sabía.

Luis no me caía muy bien, siempre hacía bromas estúpidas y alardeaba de ser muy fuerte, yo no sé por que las niñas de la escuela lo seguían tanto cuando en realidad, era un tarado. Pero era novio de Andrea, si quería estar cerca de Malena, tenía que soportarlo.

Saliendo de la última clase esperé a Malena para que fuéramos a buscar el dichoso disco de la música tan excesivamente rara que a ella le gustaba.
Y cuando entramos en la tienda, corrió hasta un estante y me lo entregó en las manos sonriendo como una niña pequeña. Como sólo ella sabía sonreír.

-es éste, no sabía que te había gustado tanto la canción amigo-
-pués...ya vés- le devolví la sonrisa y tomé el disco sintiendo un miedo terrible.
Sentí miedo de Malena, de su sonrisa de niña y sus ojos extraños.

Pagué el disco y la invité a ir por un helado. Ella pidió de chicle -para variar- y yo no podía pensar en nada y terminé pidiendo el primer sabor que ví a través del cristal del congelador.

-¡¿cajeta?!, ¡¡pero sí odias la cajeta!!-
-sí pero en helado no sabe igual-

...sabía peor...

-jajajajajajaja, ¡no manches Santi!, sí quieres te lo cambio-
-no Malena, gracias, en serio que sí me gusta en helado-
-no te creo nada Santi, jajajajajaja,pero bueno...tortúrate tú por que mi helado es el más rico de todos-
-¿como sábes que es el más rico si nunca pides de otro? jajajajaja-

Era divertido platicar con Malena, todo era divertido; incluso comerme aquél desastroso helado no fué tan difícil.

-Malenita...- le sonreí deseando que sonriera ella también, ya sólo sonreía para ver su sonrisa...estaba grave...
-Santiaguito...-
-¿quieres ser mi novia?-

...

Magdalena

-Oye Malena, vamos al rato a buscar el disco ese que dijiste-
-¿cuál?-

Santi y yo estábamos tirados en el pasto viendo la vida pasar. Era divertido y ya se había convertido en rutina de todos los viernes durante el receso. Ya ni siquiera me acordaba de nuestra última pelea, no deseaba estar enojada con él más tiempo.

-el de la canción que me pasaste-
-¡ah!, sí, vamos, pero a donde-
-pues no sé, a la Plaza Malinalco ¿no?-
-sí, si quieres, espérame que me habló Luis desde hace rato y no fuí-

Me paré y fuí corriendo para ver que quería el novio de mi amiga. Jamás entendí que le vió Andrea, era "un tarado" a decir por Santi y a mi me caía súper mal. Pero sí quería estar cerca de mi amiga tenía que soportarlo y omitir todos mis comentarios sobre él.

Quería que fuéramos al "Aro", un billar que de billar no tenía nada, para que conociera a sus amigos.
Andrea estaba aferrada con la idea de que Fanny y yo nos hicéramos novias de los amigos de Luis para que "saliéramos todos juntos". Yo me había resistido con todas mis fuerzas pero Fanny ya se había contagiado de entusiasmo y ahora eran tres los que me hostigaban para ir con ellos ese día.
Muy para mi fortuna y sin saberlo siquiera, Santiago, mi amiguito, me había salvado. Me excusé diciendo que había quedado de ir con él a conseguir un disco y que era necesario que yo fuera pr que él "no conoce ni la portada, está bien sonso".
Me sentí mal por ofender a Santi pero así,al menos Andrea y Fanny creerían que sí tenía ganas de ir pero que no podía abandonar al "sonso" que tenía por amigo.

Fuimos por el disco y luego por un helado, Santiago andaba en otro planeta...
Tan en otro planeta andaba que no sólo había comprado el disco de "Austin tv", si no que encima había pedido helado de cajeta. El único alimento sobre el mundo que conseguia hacer que mi amigo vomitara.

Sentados en una banquita de la Plaza, nos pusimos a platicar de todo y de nada como hacíamos siempre.

-Malenita...-

Santi sonrió y lo miré a la cara devolviéndole la sonrisa.

-Santiaguito...-
-¿quieres ser mi novia?-

...un NO fuerte y estruendoso se cruzó por mi mente y agolpó contra mi garganta luchando contra el SI igual de potente que cruzaba por mi estómago y mis cosquillas matutinas...

sábado, 2 de enero de 2010

Décimo cuarta parte

Santiago

Mi cumple cayó en Sábado y eso me alegraba. No tenía ganas de ir a la escuela, y menos en mi cumpleaños, no tenía ganas de hacer nada y tampoco quería ver a nadie, quizá, solo a Malena.

Me había dicho un día antes desde que llegamos a la escuela que quería hablar conmigo y al principio me preocupé y pensé en automático que quizá estaba molesta por algo. Repasé en mi mente todo lo que había hecho el jueves, luego el miércoles...el martes y el lunes...Según yo no había hecho nada como para provocar que ella estuviera molesta o sentida, pero la verdad es que con Malena, nunca acertaba, ella a veces se enojaba por todo y otras veces se reía de todo. Era muy rara.

-¿ya me vas a decir Malena?
-¡¡ahorita!!, jajajaja ni sábes lo que te voy a decir y ya estás de desesperado-

¡¡POR ESO MISMO ESTOY DESESPERADO!!

-no manches Malena, si supiera lo que me vas a decir no te estaría preguntando-
-es lo mismo-

¡¡¿qué?!!

Me estuvo dando largas todo el día hasta que logró hartarme y decidí que ya no quería que me dijera nada, ni hoy ni nunca. Si yo quisiera decirle algo, simplemente se lo diría sin anunciárselo un siglo antes y sin evadirla en cada oportunidad.

-ven Santi, acompáñame a sacar unas copias-
-¿ahorita? es que vamos a echar reta con los del A-
-sí andale, antes de que llegue la de Derecho-
-¡ay Malena! es que vamos a jugar-

Supuse que quería que la acompañara para que me volviera a anunciar su "gran noticia" y por eso me resistí a ir.

-andale Santiaguito, y te digo ¿va?-
-no Malena, neta, ya quedé para la reta-

Me dí la vuelta y apenas ví la cara que ponía Malena, yo creo que no se esperaba que le dijera que no, ya me empezaba a arrepentir por que eso sí ameritaba que se enojara y aunque había conseguido hartarme no quería que se enojara conmigo. Volví a darme la vuelta pero Malena ya no estaba ahí paradita con cara de enojo...ya se había ido a sacar copias y sin mí...

No me habló en toda la clase y a la salida corrió al baño con todas sus amigas pero dejó su mochila en el salón y entonces decidí esperar a que volviera.

-¿estás enojada?-
-no-
-¿y ya en serio?-
-es en serio-
-¿segura?-
-no manches Santiago, te viste bien mal, nunca eres así conmigo, ¿como no quieres que me enoje?-
-pues es que tú, llevas todo el día diciéndome que me vas a decir algo y no me dices-
-¿y eso qué?, yo te iba a decir cuando fuéramos por las copias y no quisiste, eres un payaso-
-ya no te enojes, ya mejor dime, ándale-
-no manches-
-oooo, ¿no me vas a decir?-
-ya no tiene caso-
-¿y tú como sábes?-
-¡¡¡por que sí!!!, ya no quiero decirte nada-
-como quieras entonces, mañana te espero en la casa, mi mamá va a hacer pozole creo, si quieres que te vea en algún lado me avisas temprano ¿va?, ya me voy por que hoy hay entrenamiento-

Le dí un beso en la mejilla y me dí cuenta de que estaba llorando, se había agachado y no me dijo nada, ni siquiera adiós.
No tenía sentido que llorara, pero no me gustaba verla así en ningún momento y menos pensando que probablemente, era mi culpa...

Y ahora estaba tirado en mi cama pensando que Malena era muy rara y que yo nunca terminaba por entenderla, pero aun así ella me gustaba y quería que fuera mi novia.


Magdalena

Ya me había decidio a decirle a Santiago que me gustaba, pero él lo arruinó todo. Después de todo lo que yo había pensado y el miedo que me daba decírselo, él lo echó a perder.
Ese día llegamos al escuela y le dije que quería decirle algo y puso cara de espanto. La verdad es que me divertía verlo así por que eso significaba que sentía haber echo algo mal.
Todo el día me molestó pidiéndome que le dijera, y todas las veces le pedí que tuviera paciencia, le iba a decir de cualquier manera.

-¿ya me vas a decir Malena?
-¡¡ahorita!!, jajajaja ni sábes lo que te voy a decir y ya estás de desesperado-

Ya para ese momento había vuelto a acobardarme y a imaginar que Santiago me odiaría si supiera que me gustaba.

-no manches Malena, si supiera lo que me vas a decir no te estaría preguntando-
-es lo mismo-

¡¡¿qué le había dicho?!! Ni siquiera hablaba con coherencia.

Me quedé pensando que no era muy lógico que Santi me odiara por decirle la verdad, además todas mis amigas creían que yo también le gustaba. Era mejor que se lo dijera de una buena vez.

-ven Santi, acompáñame a sacar unas copias-
-¿ahorita? es que vamos a echar reta con los del A-
-sí andale, antes de que llegue la de Derecho-
-¡ay Malena! es que vamos a jugar-
-andale Santiaguito, y te digo ¿va?-
-no Malena, neta, ya quedé para la reta-

No dijo nada más y se dió la vuelta. Sentí horrible y me dieron muchas ganas de llorar. No era posible que fuera tan grosero...
Quizá así tenía que ser, quizá las cosas habían sucedido de esa forma para que yo no pudiera decirle nada por que yo a él no le gustaba y lo mejor era que siguiéramos siendo amigos.
Me limpié la cara y me fuí a sacar mis copias.
Ojalá que perdiera la reta.

No pude hablarle en toda la clase, si lo veía a los ojos, no iba a poder evitar llorar de nuevo. Era un tonto y aunque yo lo sabía, aún así me gustaba. Él era único...
Andrea me mandó un papelito preguntándome "¿que tienes?", y no le contesté pero justo cuando sonó el timbre y la maestra salió del salón, corrí hacia el baño tomándola de la mano, Fanny nos siguió, corriendo ella también.
Les conté lo que había pasado y ambas coincidieron en que no debía decirle nada, él se había portado súper mal sin razón aparente. Volví al salón por mi mochila y Santiago estaba sentado en mi banca con su mochila y la mía en las piernas. Andrea y Fanny me dejaron sola y volvieron a pedirme que no le dijera nada...

-¿estás enojada?-
-no-
-¿y ya en serio?-
-es en serio-
-¿segura?-
-no manches Santiago, te viste bien mal, nunca eres así conmigo, ¿como no quieres que me enoje?-
-pues es que tú, llevas todo el día diciéndome que me vas a decir algo y no me dices-
-¿y eso qué?, yo te iba a decir cuando fuéramos por las copias y no quisiste, eres un payaso-
-ya no te enojes, ya mejor dime, ándale-
-no manches-
-oooo, ¿no me vas a decir?-
-ya no tiene caso-
-¿y tú como sábes?-
-¡¡¡por que sí!!!, ya no quiero decirte nada-
-como quieras entonces, mañana te espero en la casa, mi mamá va a hacer pozole creo, si quieres que te vea en algún lado me avisas temprano ¿va?, ya me voy por que hoy hay entrenamiento-

Y se fué. Se fué a su cochino entrenamiento sin siquiera preguntarme si iba a ir con él como cada viernes. Santiago me hacía llorar y yo ya no estaba tan segura de querer decirle que me gustaba.