lunes, 9 de marzo de 2009

parte 4

Noviembre 23

Carlos había acercado mi cama al gran ventanal de la sala. Nuestro departamento en ese edificio de Tlatelolco parecía ahora más distante del piso de lo que lo había parecido hace 2 años cuando Carlos y yo nos casamos.
Yo tenía entonces 20 años y Carlos 24.

Había dejado de ir definitivamente al escuela. Todas las tardes después del trabajo, Carlos iba a la Facultad y traía nuevos libros que revisar y más tareas que hacer. Los maestros habían aceptado que acabara el semestre en casa, con la condición de que asistiera a los exámenes finales.

-Hola Cármen- Carlos besó mi frente al pasar junto a mí-¡hoy no tienes tarea!-gritó con evidente alegría desde la que solía ser nuestra habitación.
-¿y es una buena noticia?-la tarea era lo único que me mantenía ocupada, ¿por qué Carlos se alegraba tanto?. Intenté sentarme en la cama sin mucho éxito, mientras Carlos salía del cuarto y entraba al baño.

-eso depende-dijo sentándose al borde de la cama y tirando de mí para sentarme en sus piernas.
-¿de qué depende?-le dí besos por toda la cara.
Carlos sonrió y torció la boca.
-me haz dado mucha lata últimamente-
-ja ja ja-dije con fingida indignación
-y no tengo ganas de preparar comida hoy, ni de dejarte aquí mientras salgo en busca de provisiones- rió muy bajo y me besó tiernamente.
-puedo prepararte algo si así lo prefieres-comprendí que Carlos estaba reclamando un poco de atención, lo había tenido en completo abandono durante los últimos meses. Me desprendí de sus brazos y acumulé la suficiente fuerza para ponerme en pie y milagrosamente llegué a la cocina.
-anda!, pide lo que quieras que yo haré lo posible-reí para disimular el pesar que llenaba mi cuerpo y ahora también mi mente.
-mmm...déjame lo pienso...mmm...-Carlos llegó hasta la cocina y tomó mis manos-hoy se me antoja...-dijo lentamente-que te pongas ese pantalón de maternidad que compramos en el Centro, combina bien con la blusa que planché ayer-me abrazó y besó mi cabeza-corre!, ve a cambiarte, prometo no mirar-levantó la mano derecha como boy scout.

Volví del cuarto completando el trajecito petición de Carlos con los hermosos zapatos rosas que él me había regalado en mi cumpleaños.
-te ves muy linda-una enorme sonrisa llenaba la cara de Carlos.
-gracias-caminé hasta él y tomé sus manos-ahora, ¿piensas decirme lo que haré para comer?-
-no-Carlos jaló mi mano hacia la puerta y tomó las llaves del auto-por que no harás nada-.

Fuimos a comer comida corrida, y paseamos -como en los viejos tiempos- tomados de la mano por la Alameda. Me compró un helado y una almohada de las que estaban de moda, esas, con forma de estrella; platicamos mucho y reímos toda la tarde, éramos -nuevamente-como una pareja de novios.


Diciembre 6

Mi semestre había finalizado el Viernes pasado, el Sábado vino Rosa a verme con el pretexto de saber "como me había ido" y volvió el Domingo; llamaba diario desde el Lunes... Carlos llamaba dos veces al día desde el trabajo y volvía corriendo para comer conmigo. Ninguno de los dos lo había admitido hasta el momento pero andaban con una paranoia terrible...hacía tres días que se habían cumplido las 40 semanas de mi embarazo y si mi bebé no daba señales de querer salir pronto, el Sábado lo sacarían por la fuerza.

-hola amor-Carlos llegó tan temprano que yo seguía secándome el cabello sentada en la cama frente al ventanal. Me dió un gran beso y se sentó al lado mío.
-que rico hueles- aspiró con fuerza pegando el rostro a mi cabeza todavía húmeda-¿qué se te antoja comer hoy?-
-lo que sea, pero hazlo tú-giré la cabeza para besarlo lentamente.
-como usted mande-Carlos se fué a la cocina y yo me recosté en la cama, me había sentido repentinamente mareada.


-¿Cármen?, ¡¿Cármen?!, no me hagas ésto otra vez por favor, ¡¡Cármen!!-
Abrí los ojos y Carlos estaba encima de mí con gesto realmente grave, parpadeé un par de veces y él me cargó para acunarme entre sus brazos.
-No vuelvas a hacerlo Cármen por favor, me voy 15 minutos y caes desmayada, no sé si podré soportar ésto una vez más-mecía su cuerpo mientras hablaba sin fijar sus ojos en mí.
-sólo dormía amor, perdóname por preocuparte-alcé la cara para mirar sus ojos.
-no nena, tú no dormías...-me abrazó tan fuerte que el calor de su cuerpo calmó las punzadas entre mis piernas y me sentí soñolienta
-vamos a comer, ¿aún tienes hambre?
-un poco-mentí sonriéndole para no preocuparlo aún más-déjame ir sola hasta la mesa, por favor-lo miré suplicante.
Carlos lo dudó un momento, pero terminó dejándome en el suelo.
-ándale pues, un capricho al día- se fué lentamente detrás de mí y daba la impresión de que esperaba que en cualquier momento me desvaneciera nuevamente.

Jaló la silla para que tomara asiento y en seguida puso frente a mí un humeante plato de spaghetti, se sentó frente a mí con su platillo correspondiente y comenzó a comer.
Seguía un poco mareada y temía vomitar si algo se introducía en mi cuerpo, así que volví a mentir.
-tengo sed Carlos-él alzó rápidamente los ojos-¿me das agua?
-claro cielo-tomó un vaso y dió vueltas con el cucharón a la gran jarra de agua, sentí un tremendo escalofrío por toda la espalda y las punzadas iban de las piernas a la cabeza y de ahí al ombligo...
Carlos ladeó la jarra y el líquido rojo comenzó a deslizarse lentamente dentro del vaso...sentí los labios secos y las piernas calientes...¿por qué salía de mi cuerpo agua de jamaica cómo si yo fuera una jarra?...

-Carlos-
-mmm-dijo él sin perder la concentración en su labor
-estoy...sangrando...-
Carlos abrió los ojos como platos y dejó caer la jarra.

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