Diciembre 7
Me dolía la cabeza, estaba cansada...mareada. Busqué con las manos mi vientre, mi bebé debería saber que lamentaba haberme desmayado en la cocina; caí de bruces...esperaba que al menos él estuviera a salvo. Pero no estaba. Mi vientre no estaba. Era un balón pochado, igual de aguado e inservible.
-¡Carlos!-me estrujé los sesos tratando de recordar que le había hecho a mi bebé-¡¡CARLOS!!-sentí dolor en el vientre desaparecido.
Se abrió una puerta y entró una enfermera, y sólo entonces miré los tubos insertados en mis venas y escuché el pitido de los aparatos conectados a mi cuerpo. Ésta no era mi casa...¿dónde estaba Carlos?
-tranquilícese señora, su esposo vendrá en un momento-se acercó a mi lado y me sentí aún más mareada. Volví a cerrar los ojos.
-¿Cármen?-escuché muy lejana la voz de Carlos-despierta pequeña-besó mi frente y abrí los ojos sólo para verlo frente a mí sonriendo muy apenas e increíblemente ojeroso.
-¡Carlos!-estiré mis brazos para apretarme a su cuerpo-¿dónde estabas?, ¿dónde está mi bebé?-
Carlos me soltó y se alejó lentamente de mí, me miró tan serio que parecía otro...
-Cármen, hay algo que tengo que decirte-se sentó en el borde de la dura cama de hospital.
-no me lo digas Carlos...-¿cómo pude hacerlo?, dos veces en un año, era un nuevo récord...comencé a llorar al imaginar la minúscula cabecita de mi bebé cayendo de golpe al piso. Soy un monstruo.
-no llores Cármen-tomó mi mano-¿qué ocurre?, ¿por qué lloras?-su gesto se turbó y pegó su cuerpo al mío.
-maté a nuestro bebé Carlos-mi voz era prácticamente inaudible-lo maté otra vez, ¡¡soy un monstruo Carlos!!-
Carlos me abrazó y se alejó de mí rápidamente sujetándome por los hombros.
-no Cármen, tranquilízate, cálmate amor, el bebé está bien, ¿quién te dijo eso?-volvió a abrazarme y lloró conmigo. No podía creer que mi bebé estuviera bien...
-¿dónde está, Carlos?, quiero verlo, ¿es un niño?, seguramente es tan lindo como tú, tráelo acá ¿sí?-le sonreí a la borrosa imagen de Carlos y apreté con fuerza sus manos.
-sí hermosa...es un pequeño latoso, ahora lo traigo-Carlos sonrió y soltó mis manos-debe de estar hambriento, espera amor, ahora vengo-besó mi frente y salió del cuarto.
Mi bebé está bien...Carlos sería ahora el hombre más feliz del mundo y yo...la mujer más ocupada. Tanta felicidad no podía ser cierta. Volvía a ser yo la misma de hace unos meses...
-aquí está el niño más hermoso de todo el sanatorio-Carlos entró en el cuarto con un pequeño embrollo de cobijas en las manos, sonreía...pero seguía teniendo el gesto tenso.
-¿qué pasa amor?-le dije una vez que tenía a mi pequeño, mi solecito en brazos-¿estás cansado?-volví a sentirme mareada.
-no-Carlos veía hacia la pared-no en realidad, pero tengo que hablarte de algo-se puso de pie y se recargó en el marco de la ventana.
-Cármen, ¿recuerdas que sangraste en la cocina?, sangraste mucho amor, creí que no llegaríamos a tiempo...te hicieron la cesárea y el bebé esta bien pero...tú...bueno...la Doctora Ruíz dijo que no habías dilatado nisiquiera 3 centímetros...dijo que era algo bastante extraño...todos creímos que sangrabas por el bebé, pero no Cármen...-
Escuchaba lo que Carlos decía pero nada era tan importante ni tan relevante como tener a nuestro bebé conmigo.
-Cármen, mi vida-había vuelto a sentarse junto a mí y nuestro bebé-tienes cáncer...y ya está muy avanzado-Carlos comenzó a llorar-por eso perdiste al bebé...al otro-
Sólo había escuchado "cáncer", ¿quién tenía cáncer?...seguía muy mareada y me alegraba tanto tener al bebé aquí, ¿no podía Carlos esperar un poco para platicar?.
-¿quién?-Carlos me miró entre lágrimas abriendo sus ojos como platos.
-¿quién qué Cármen?, ¿no me estás escuchando?-
-¿quién tiene cáncer, amor?-lo miré fijamente-es una noticia terrible-
-Cármen, te has vuelto loca...-Carlos lloraba o reía o un poco de todo, pero no importaba realmente...estaba de nuevo acunándonos a ambos, a Ramiro y a mí.
Ramiro era un lindo nombre para nuestro bebé.
Enero 31
Las náuseas empeoraban cada día. Ahora mi cama estaba pegada a la puerta del baño. Ramiro era cada día más hermoso y no lloraba casi nunca, era tan adorable como su padre. Hoy me había despertado sintiéndome especialmente mal.
-déjame llevarte al hospital Cármen-Carlos acariciaba mi mano con las suyas-por favor nena-
-no amor, no discutamos eso otra vez, quiero estar aquí hasta que mi cuerpo ya no aguante ni un suspiro-
-pero Cármen...podrías...-
-¿vivir un poco más?-
-no digas eso...-
-el precio es muy alto Carlos, yo ya no tengo remedio...-resultaba gracioso hablar de mi inminente muerte.
-te amo Cármen-Carlos se abrazó a mí y era tan lindo tenerlo ahí...
Sonó el timbre, debía de ser Rosa, venía todas las mañanas a ayudarme con Ramiro para que Carlos estuviera más tranquilo en el trabajo.
-hola Rosa, pasa-Carlos venía detrás de ella para despedirse de mí y de Ramiro-
-hola amiga, ¿sigue dormido mi angelito?-
Estaba muy cansada para contestar, yo sé que Rosa entendería.
-me voy amor, vuelvo para comer ¿sí?-me besó y me acercó hasta su pecho-trata de portarte bien ¿de acuerdo?-rió y volvió a besarme. Luego fué hasta la cuna y le hizo cariños a Ramiro.
-sigo sin entenderlo Cármen-ahí iba Rosa otra vez, apenas Carlos desaparecía de su vista y comenzaba la misma cantaleta-¿cómo puede alguien tan joven estar muriendo de cáncer?-
-¡adiós Rosa!, ¡te amo nena!, ¡cuida de mamá campeón!-Carlos gritó desde la puerta y ensegida se oyó un portazo. Nunca esperaba respuesta.
-¡¿cómo es eso posible amiga?!. Ésto no debería de estar sucediendo-Rosa empezaba a llorar, tenía que intervenir, pero Ramiro acató las órdenes de su padre y comenzó a quejarse.
-¿ya despertó mi bebé?-Rosa voló hasta la cuna y dejó a mi bebé junto a mí-voy a calentar su leche Cármen, no tardo-mi amiga...la mejor...la tonta de Rosa enjugó sus lágrimas y salió para la cocina.
Sentí calambres por todas las piernas, me dolía la cabeza y me ardían los pulmones, ¿era eso físicamente posible?
-ven pequeñito, es hora de comer-Rosa era muy buena en eso de los niños. Tomó a Ramiro en brazos y se sentó en la mecedora que Carlos me había regalado la Navidad pasada.
Mi bebé comía tranquilamente mientras las punzadas ascendían hasta mi vientre para convertirse en un -espantosamente doloroso-cólico.
-ay!...-las náuseas volvían con más fuerza.
-¿qué pasa Cármen?, ¿te duele mucho?-Rosa me miraba con evidente preocupación-nada más deja que el niño se acabe la leche y te inyectó, ¿sí amiga?-
-no te preocupes Rosa, deja que mi chiquito coma-
Sentí la bajada de flujo entre mis piernas y palidecí nada más de imaginar que no sería el maldito cáncer lo que terminaría matándome.
Alcé temblorosamente las sábanas azules tan lindas que Carlos había puesto ayer después de que empapé las otras con mis constantes sangrados. La sangre corría profusamente...la mancha ya llegaba por poco a mis rodillas.
-Rosa-
-¿qué pasó Carmencita?, Ramiro ya se acabó la leche, deja preparo la inyección y...-
-no, no importa-me aclaré la garganta-ya no me duele tanto, pero se me acaba de antojar un mango-¿un mango?, ojalá que Rosa me crea...-¿me compras uno?, Carlos dejó dinero en la repisa de la sala-
-sí Cármen...no importa, ¿segura que no quieres la inyección?-
-no Rosa, deberas, llévate al niño, tápalo bien , ¿sí?- ya lo estaba envolviendo...
-vamos Ramirito, mami está milagrosamente hambrienta-Rosa me sonrió al salir de la habitación-¡no tardamos!-
Justo a tiempo...la sábana con la que ocultaba la mitad de mi cuerpo ya se estaba tiñendo de rojo. No dejaba de dolerme, el dolor ya era un ente con vida propia que me tenía escondida en sus entrañas, olía horrible, apestaba de verdad. El olor sólo aumentaba mis crecientes náuseas. Quise levantarme para vomitar y hacer de mi cama un batido de inmundicia humana, pero mi cuerpo no me respondió y mi boca se abrió para dejar salir lo que sea que tuviera dentro. Quise mover mi cara pero reaccioné muy tarde y cuando lo hice sólo escupí entre tos, flemas teñidas de rojo, aspiré con fuerza para dejar de toser o para hacerlo con mas ganas, pero sólo conseguí traer de vuelta lo que salió por la boca. Ya no entraba aire por ningún lado, volví a sentir punzadas en todo el cuerpo y mi cuarto comenzó a dar vueltas y a ir de arriba a abajo. Aspiré con fuerza ante la falta de aire, pero no sentí ningún alivio. Tosí, me sacudí, todo daba vueltas. Cerré los ojos y quise volver a abrirlos, pero se sentía tan bien. Ya no estaba mareada. Podría dormir un poco antes de que Rosa volviera y tuviéramos que limpiar mi desastroso muladar...
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