lunes, 30 de agosto de 2010

Extrañas preguntas

Hace ya más de un mes que Rita abandonó la fonda para no volver nunca más. No pasó mucho tiempo antes de que pudiera encontrar un nuevo trabajo que a diferencia de la fonda, la mantiene ocupada únicamente de Jueves a Domingo durante la tarde-noche. Nuevamente es mesera pero ahora lo es en un pequeño y acogedor café de la Colonia Roma.
Trasladarse era un poco más pesado y más tardado, pero tenía la ventaja -enorme- de que nunca, ningún cliente, la conocía.

A causa del trabajo, Rita llegaba excesivamente cansada al escuela los Viernes y los Lunes. La primera semana de combinar escuela y trabajo no resultó muy bien y Rita se quedó dormida el Lunes. Se despertó y ya pasaban de las 7, decidió no apresurarse innecesariamente y llegar a las 8:40, justo a tiempo para la 2a clase.

Entró en su salón y como de costumbre todos platicaban entre ellos; ella no miró a nadie y nadie la miró a ella. Se sentó y comenzó a copiar del pizarrón lo que suponía, era la tarea de la clase anterior.

-oye Rita-
Rita levantó el rostro lentamente y extrañas preguntas le cruzaron el pensamiento. ¿Quién me llama?, ¿Por qué lo hace?, ¿Necesita algo?
Y parpadeando, únicamente se limitó a girar su atención a la fuente de la voz: un joven delgado, de baja estatura, cabello rizado y muy corto.

-la maestra de Literatura pidió que armáramos equipos y a nosotros nos faltaba un integrante y como tú no estabas, te anotamos con nosotros, tenemos que armar un guión teatral-
-sí está bien- se limitó a decir Rita y volvió la mirada al pizarrón para continuar con su apunte; se le veía tranquila y sin embargo extrañas preguntas seguían dando vueltas en su cabeza: ¿Por qué me consideraron para el equipo?, ¿Debería darles las gracias?, ¿No será una broma?.

Rita no pudo pensar en otra cosa durante todo el día y camino a casa, pateando piedrecitas por las calles no dejaba de hacerse extrañas preguntas: ¿Por qué el talento recayó sobre mí?, ¿Por qué tengo que participar en equipos y trabajar?, ¿Por qué tuve que dejar mi casa y a mi madre?, ¿Por qué tuvo que romperse mi corazón si apenas tengo 17 años?, ¿Por qué no me recobré?...

lunes, 9 de agosto de 2010

El delantal


Mariana, una de las compañeras de trabajo de Rita, era la única que se aventuraba a cruzar palabra con ella. Creía fielmente que algo bueno debía habitar en el interior de Rita, muy a pesar de su renuencia a convivir con las demás meseras.
Todo se había sucedido de manera muy normal: Rita y Mariana limpiaban y dejaban todo en orden los miércoles y los viernes. Mariana hacía algunas preguntas y Rita respondía con monosílabos. No había mayor peligro.
Sin embargo, en las últimas semanas Mariana tenía mucho que decir y muy pocas personas que le escucharan. Rita había podido corroborar que Mariana tenía un "novio" bastante violento, un hermano adolescente con pocas ganas de continuar la escuela, una hermana a punto de terminar la carrera y que más que representar un ejemplo para ella, era el eterno recordatorio de que Mariana había decidido abandonar la escuela sin ningún propósito específico....con el único sueño de aprender algo de cocina...
Rita le escuchaba con atención mientras terminaba los quehaceres que Mariana dejaba a medias entre toda su hablantina. Nunca decía nada, únicamente se limitaba a escuchar.
Rita había aprendido con el tiempo que tarde o temprano Mariana terminaría por hartarse de que no se le dijese nada, terminaría por sentirse ignorada y decidiría no volver a hablar con ella nunca más.

Pero eso no sucedió.
Un viernes tras terminar de platicar todos sus disgustos semanales, Mariana se acercó a Rita y le dio un abrazo espontáneo y sincero, de esos que no esperan la necesaria reciprocidad.

-que buena eres para escuchar Rita, tú siempre tan linda dejas que yo me la pase hable y hable todo el tiempo-

Mariana se dio la vuelta, se quitó el delantal y lo colgó en la puerta de la cocina, salió de la fonda sin decir nada más y desapareció entre las calles.
Rita, con el trapo de la limpieza apretado entre sus agrietadas manos lo comprendió todo: Las cosas habían dejado de ser inofensivas.
Se quitó su delantal sopesando las posibilidades y salió de la fonda para nunca más volver.