Había aprendido con el tiempo, que la gente inmersa en una discusión, raramente distinguía entre los involucrados y los no-involucrados.
-¡¡tú no me escuchas!!, ¡¡sólo me haces daño!!-
Rita limpiaba las mesas contiguas a los embravecidos jóvenes cuando esas palabras resonaron en sus oídos, alzó la mirada casi de forma inconsciente y en su rostro se dibujaba un gesto de excesiva sorpresa.
"¡¡sólo me haces daño!!" volvió a escuchar dentro de su cabeza. La mirada de la sollozante chica sacó a Rita de su ensimismamiento y la devolvió a la tarea de limpiar las mesas.
-la cuenta señorita por favor-
La pareja salió de la fonda enfrascada en su discusión.
Rita no pudo quitarles la vista de encima, no podía comprender como era posible que en el mundo existiera gente con ese grado de irresponsabilidad.
No podía comprender como era posible que ese joven, sabiendo ya que él también tenía el talento, decidiera de cualquier modo comenzar y mantener una relación de pareja...