-¡Tú mismo no eres más que una manifestación de la verdadera bestia! ¡Del problema!. Una manifestación o un detonante, ya no sé...Pero no eres la bestia en forma-
Lirio lo había intentado todo para deshacerse del monstruo creciente que la perseguía desde 6 meses atrás.
Al principio le parecía divertido y hasta gracioso, era pequeño y apenas se hacía notar. Lirio no podía imaginar que aquello realmente representara un peligro. Se acostumbró muy rápido a la bestia y a su presencia y en los días en los que no se aparecía, Lirio se sentía extraña.
Tuvo incluso, la delicadeza de ponerle un nombre:
Tuvo incluso, la delicadeza de ponerle un nombre:
- No es una bestia...¡es Rale!-
Y todos sabemos que el comienzo para tomar cariño de algo, es ponerle un nombre.
El monstruo perseguidor creció con una velocidad inverosímil y comenzó a apropiarse de los espacios en la vida de Lirio; ella le reñía tratando de ceder terreno pero era débil y con sus propias manos nunca consiguió herirlo lo suficiente.
-Se irá por sí mismo, lo sé...Tarde o temprano lo hará- se consolaba Lirio...
Pero Rale nunca se fue, por el contrario, pasaron los meses y Lirio se dio cuenta con tristeza de que cada vez estaba más rodeada y de que había por todos lados algo que había salido del monstruo; Lirio tuvo que ocuparse de esas cosas, tratando de no descuidar las propias.
Rale creó y construyó de todo: personas que lo mantuvieran cerca de Lirio, libros, películas, problemas, conversaciones...Un sinfín de manifestaciones, como solía llamarlas Lirio.
-Mis manos no son suficientes- se dijo la chica un buen día y se hizo con una navaja que tenía el único propósito de acabar con el monstruo...con Rale.
La diminuta Lirio y la feroz bestia se enfrascaron en una batalla de la que ambos salieron heridos.
Lirio no tuvo éxito y encima, tuvo que deshacerse de la navaja con la que había herido a Rale por que la culpa la consumía...
-¿Qué me pasa? ¿Cómo fui capaz de una cosa así?- se repetía Lirio entre sollozos.
Rale sangraba sus heridas a propósito manchando las alfombras y dejando todo teñido de dolor. Se volvió más feroz después de aquella primera batalla y también más áspero y terrible.
Lirio dejó de intentar pelear con él y se encerró en sí misma. No quería ver a nadie y tampoco quería hacer nada. Todos y todo estaban llenos de Rale.
Había llegado la hora de deshacerse de él. De herirlo en serio y para siempre; la bestia no le daba más que tristezas.
-un revólver- se dijo Lirio -lo que necesito es un revólver-
Y tras guardar el arma bajo su almohada durante incontables noches, antier de madrugada, Lirio se despertó y buscó hasta encontrar a Rale que nunca dormía...No hizo más que mirarle con desprecio para acto seguido descargar el arma sobre la bestia que miraba todo con sorpresa y desdeño.
-¡¡¿Por qué no te mueres?!!- le reclamó Lirio
Pudo más el peso del revólver y las lágrimas. Lirio cayó de rodillas frente a la bestia que miraba con horror la escena. Destiñéndose de a poco y perdiendo poder pero sin morirse, sin siquiera sacudirse de dolor.
Lirio lo miró por última vez entre su llanto. Se sentó sobre sus talones y tomó el revólver con ambas manos.
-No puedo-Dijo. Se dijo. Le dijo a Rale -no puedo-
El cañón del arma quedó entre sus labios y sin pensarlo, Lirio disparó.
-un impacto en la bóveda palatina- dijo el forense.
"Disparar en defensa propia, a veces es dispararse a uno mismo"
Por: @pixidixidoo (Greñas)
Historia original de PVL