lunes, 15 de marzo de 2010

Décimo octava parte

Santiago

Un mes. Malena y yo cumplimos un mes ese día. Hice para ella una tarjeta con el dibujo de una niña en columpio que copié de un separador de mi mamá. Bien por mí que siempre supe dibujar.

Llegué a la escuela y puse la tarjeta en su mesa, salí al patio para esperarla y ella llegó tarde como siempre, tuvimos que correr para que la maestra de Biología no cerrara la puerta.
Vió la tarjeta y con la mejor sonrisa me buscó entre el salón y me dijo sin palabras un "gracias" sin dejar de sonreír.
Yo no sabía cuanto tiempo iba a estar cerca de Malena, la verdad, no me importaba tanto pensar en la cantidad de tiempo, lo que era realmente importante era que hoy ella estaba aquí y yo también y era necesario hacer que supiera cuanto la quería.

Tuvimos hora libre después de Biología y Malena y yo nos tiramos en el pasto.

-gracias por la tarjeta, está muy linda-
-que bueno que te gustó, me costó mucho trabajo el efecto de la sombra en el columpio-
-no creo que te haya costado tanto, tú dibujas bien-

Besé a Malena rápido y con cuidado, aunque hacer las dos cosas al mismo tiempo no resulta tan sencillo. Me volví a tirar en el pasto a ver las nubes y a pensar en nada.

-¿qué piensas?-
-en nada nena, no pienso en nada-
-no te creo, eso no se puede-
-¿qué?-
-pensar en nada, no se puede, yo no puedo-
-jajajajaja que tú no puedas, no significa que nadie pueda-
-eres un grosero, mejor dime que no me quieres decir-

Me senté apenas escuché eso por que Malena ya había vuelto la cara y me daba la espalda.

-no es que no te quiera decir, es que en verdad no estaba pensando en nada, ¿por qué soy grosero?, ándale ya, voltéate que la grosera pareces tú, jajajaja-

Malena si bien se volteó fué como si no lo hubiera hecho, había puesto cara de puchero, misma que le duró todo el día. Era muy rara, yo ya lo sabía pero siempre tenía algo nuevo para sorprender. No la entendía, nunca lo había hecho y en días como hoy, me resignaba a pensar que jamás lo conseguiría.


Magdalena

Llegué corriendo a la escuela antes de que me cerraran la puerta y Santi seguía esperándome fuera del salón. Lo saludé y corrimos por que la maestra de Biología ya había entrado.

Lo primero que ví al llegar a mi silla fué una tarjeta con el dibujo de una niña. Era el dibujo de una niña hecho por Santiago, lo supe apenas lo ví. No necesitaba que nadie me lo dijera. El dibujo lo había hecho él.
Abrí la tarjeta tan sólo para comprobarlo y encontré un mensaje de agradecimiento por nuestro primer mes juntos...¡cumplíamos un mes!
El tiempo se había pasado volando...
Recorrí con la vista todo el salón para encontrarlo a 4 filas de mí y hacerle saber que la tarjeta era hermosa y que lo amaba con todo mi corazón pero solo pude decirle "gracias" y sonreírle. Me apenaba pensar que todos nos estaban mirando.

No llegó el maestro de Química y tuvimos hora libre. Santi y yo nos tiramos en el pasto a platicar, pero él no decía casi nada. A veces me desesperaba tanto silencio y me preguntaba que tanto pensaba cuando callaba. No dijo nada hasta que le agradecí la tarjeta.

-gracias por la tarjeta, está muy linda-
-que bueno que te gustó, me costó mucho trabajo el efecto de la sombra en el columpio-
-no creo que te haya costado tanto, tú dibujas bien-

Me besó y de nuevo volvió a quedarse callado.

-¿qué piensas?-
-en nada nena, no pienso en nada-
-no te creo, eso no se puede-
-¿qué?-
-pensar en nada, no se puede, yo no puedo-
-jajajajaja que tú no puedas, no significa que nadie pueda-

¡¡¿Por qué se reía?!!

-eres un grosero, mejor dime que no me quieres decir-

Me dí la vuelta y me puse a intentar eso de "no pensar en nada" pero cómo ya lo sabía yo desde hace mucho tiempo. Es imposible.

-no es que no te quiera decir, es que en verdad no estaba pensando en nada, ¿por qué soy grosero?, ándale ya, voltéate que la grosera pareces tú, jajajaja-

Me giré hacia él que ya se había sentado a mi costado y me puse a pensar en todo. En que Santiago a veces no me entendía, pero yo tampoco a él. En que éramos muy distintos y sin embargo compartíamos muchas cosas. En que era raro y eso hacía que todo entre nosotros fuera raro.
En que no era posible que pensara "en nada"...

martes, 2 de marzo de 2010

Décimo séptima parte

Santiago

Era lindo ser novio de Malena, ¿qué más puedo decir?, yo llegué a quererla de una forma muy especial.

-¡ándale Malena!, ¡vamos!, aunque sea un ratito y luego hacemos lo qe tu quieras-
-es que yo no tengo ganas de ir-
-pero...¿ni un ratito?-
-es que me aburro mucho, yo ni sé jugar-

Mis amigos querían ir a jugar billar y yo me moría de ganas por acompañarlos...pero Malena no quería ir, y yo prefería estar con ella. En eso me convertí muchas veces...en lo que Malena quería hacer. Pero no me importaba. Yo de verdad disfrutaba mucho el tiempo que pasaba junto a ella.

-bueno pués, ¿y qué quieres hacer?-

Bastaba con que yo dijera algo como eso para que Malena cambiara su semblante y sonriera de una buena vez y para toda la tarde.

-¡vamos por un helado! ¡ándale!-
-sí Malena, vamos...-

Yo siempre accedía con la mejor sonrisa y la tomaba de la mano como si aquello me asegurara que Malenita se quedaría conmigo para siempre.

Magdalena

Santiago era el mejor. Yo ya lo sabía y venía a comprobarlo casi a diario. Cómo todos los Viernes desde que entramos a la prepa, Santiago y sus amigos planeaban ir al billar, y como cada vez desde que él y yo éramos novios, me resistía a ir y Santiago accedía.

-¡ándale Malena!, ¡vamos!, aunque sea un ratito y luego hacemos lo qe tu quieras-
-es que yo no tengo ganas de ir-
-pero...¿ni un ratito?-
-es que me aburro mucho, yo ni sé jugar-
-bueno pués, ¿y qué quieres hacer?-

A veces sentía feo por que sabía bien que él quería pasar un rato con sus amigos y yo me aferraba a estar con él, pero el tiempo juntos era distinto. Lo era todo. Y yo sé que él lo entendía tanto como yo y lo sentía de la misma forma.
Aquél Viernes, fuimos por un helado y la pasamos bien. Siempre la pasábamos bien.

Santiago me quería tanto. Pero en ninguna manera se comparaba con cuánto lo quería yo.